"La política y el tiempo pueden hacer que tus amigos sean enemigos. Los aliados de ayer son los enemigos de hoy. Los enemigos cambian con el tiempo. Y nosotros, pueblo, tenemos que bailar al son...Y entonces ¿qué es el enemigo? ¿Existe realmente un verdadero y absoluto enemigo? No, no existe ni existirá y es porque nuestros enemigos son seres humanos como nosotros. Tenemos que unificar el mundo de nuevo."
Tras mi anterior carta al Presidente de este desGobierno, hoy me encuentro reflexivo, y me apetece hacer una auto-crítica. Llevamos desde que empezó la crisis atacando y criticando a los presuntos me rio de la presunción de inocencia culpables de esta situación. Pero ¿y nosotros? Vale que ya estamos recibiendo nuestro castigo, pues andamos pagando la factura de la fiesta nacional montada desde la transición democrática. Sería de necio y vomitivo cuestionar que somos las víctimas de un sistema claramente corrupto, un sistema que expolia y absorbe cualquier atisbo de riqueza al tercer estado (antiguo estamento del Antiguo Régimen conformado por las clases bajas).
Hace unos meses leí una definición del capitalismo que se me quedo grabada en la retina y explicaba así "El capitalismo es la fórmula rápida de hacer dinero pero no de repartirlo". Pero después de lo que hemos visto y tras analizar la historia ¿cómo es posible que sigamos teniendo un papel tan pasivo ante esta situación? ¿Qué nos pasa a los españoles?
Desde mi punto de vista y a mi corta edad creo, y aunque espero estar equivocado, la sociedad española es decadente, auto-destructiva y vil en ciertos aspectos. Nos hemos acomodado y amoldado a un sistema que aunque sabemos que es injusto es lo que hay y cómo hay países que están peor debemos darnos con un canto en los dientes. En otras palabras, preferimos justificar nuestra falta de interés en mejorar a través de las desgracias de los demás. Supongo que puede ser debido al lastre que arrastramos de antaño, cuando se nos inculcaba que cuánto más sufriéramos en la Tierra mejor recompensados seríamos en la otra vida.
Somos vagos, envidiosos y a la par mezquinos. Odiamos los triunfos ajenos y estamos tan cegados por nuestra prepotencia y arrogancia que no somos capaces de admitir que hemos errado. Hemos crecido como una sociedad que creía poder comerse el mundo y ahora mismo el mundo nos está aplastando. Hemos perdido la fe en las revoluciones, en las manifestaciones y es triste ver como preferimos reunirnos para festejar antes que para luchar. El lema español es quitate tú para ponerme yo. Nuestro problema es que esperamos, esperamos la solución, esperamos que venga alguien y nos diga qué tenemos que hacer, cuándo lo tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. Queremos ser libres pero necesitamos de alguien que nos dicte el camino.
Nuestra vagancia va tan lejos que preferimos estar pisoteados, preferimos ver morir nuestros derechos y nuestras libertades antes que salir a la calle y gritar ¡Aquí estoy yo!. Esperamos, esperamos que sean los demás los que salgan y ya si luego salir nosotros, o si los demás son los que hacen el trabajo sucio lo que esperamos es beneficiarnos. ¿Estaré perdiendo la fe en la sociedad? No, rotundamente no, se que aunque en minoría están ahí y siguen vigente las almas rebeldes y altruista dispuestas a defender con uñas y dientes sus derechos como personas. Somos más, somos muchos, somos víctimas pero tenemos el poder, el poder de paralizar un país, de exigir responsabilidades y como decía el grande de Fito menos mal que con los rifles no se matan las palabras. Despertemos. Dejemos de esperar y alcémonos en una sola voz POR UN ESTADO JUSTO. Protejamos nuestro futuro y el de nuestros hijos.
"Las habilidades de un hombre no se han concebido para herir a sus amigos"

No hay comentarios:
Publicar un comentario