De rojo y gris se tiñe el cielo y de negro el suelo de las tierras de España. Del verde esperanza al gris ceniza. Arde, España arde. Las tierras que nos han visto crecer, hoy, mueren lentamente, torturadas y calcinadas entre llamas. Llamas pero no de esperanza sino de desolación y tristeza. Lágrimas brotan por mis mejillas pues es tal la impotencia que se siente que ni el sueño más profundo traería paz a esta mente que ahora mismo mira como el verde de sus parajes se torna negro y gris.
Llevamos meses padeciendo una ola de incendios que no azotaban a España desde hace más de una década. La magnitud de tales incendios ha desolado ya tantas hectáreas que es imposible albergar cómo algún desalmado es capaz de provocar un asesinato de tal calibre. Asesinato, esa es la palabra. Nos asesinan nuestras tierras, ya no sólo nuestros derechos sino ahora también nuestras tierras.
España ardiendo de punta a cabo y nuestros representantes sin embargo echándose las culpas los unos a los otros, con toros de por medio y como no, parafernalias y más parafernalias. ¿Es ésta la representación de la ciudadanía? Ya nos tocó sufrirlo mientras Valencia ardía y nuestro máximo representante viendo el fútbol
Pero quizás, lo que más me indigne no sea la desfachatez de esta casta de parásitos vividores que sin moral ninguna se llenan la boca al hablar sobre las responsabilidades y culpa de los ciudadanos, me indigna más como aún puede existir personas
¿Entre tanta mierda dime dónde estabas tú?
Hoy, nuestro querido
Yo ya como indignado de este país, lo único que pido es a esos pirómanos que por favor, en vez de ir y prender reservas naturales y los bosques y montes de nuestro país, que por favor, prendan fuego a nuestros políticos que eso sí que son mala hierba.
Incendio la Gomera




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